Dioxitek y el juez Vaca Narvaja: se acata, pero no se cumple

Incidente con material radiactivo en la planta de uranio que Dioxitek opera en Alta Córdoba. Crédito: imagen compartida por empleados de Dioxitek.


Una pregunta del juez Miguel Hugo Vaca Narvaja revela hasta qué punto el control judicial se ha vuelto una formalidad.

por Cristian Basualdo

El expediente judicial que le permite a la vieja planta de uranio de Dioxitek seguir funcionando en la ciudad de Córdoba acumula cientos de páginas, y su tramitación se ha prolongado tanto que nadie recuerda ya de qué se trata. Sin embargo, una sola pregunta del juez federal Miguel Hugo Vaca Narvaja alcanza para comprender que Dioxitek hace lo que quiere. Propongo a los lectores analizar esa pregunta del magistrado.

Pero esta nota sería inentendible si no comenzara recordando que, hace más de cuarenta años, la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) instaló en el populoso barrio de Alta Córdoba —a unos cinco kilómetros del centro de la ciudad— una planta de producción de dióxido de uranio. La empresa estatal Dioxitek S.A. fue creada en 1996 por el Gobierno nacional, cuando, al igual que ahora, se intentó privatizar la producción de dióxido de uranio.

No repasaremos aquí el historial de incidentes e incumplimientos de la empresa, porque el espacio de una nota periodística no alcanza para tanto. Comenzaremos entonces por la noche del 6 de noviembre de 2014, cuando una explosión de gran magnitud en un depósito clandestino, ubicado a unos 500 metros de Dioxitek, mató a una mujer de 65 años, hirió a unas 70 personas, destruyó por completo diez viviendas y dañó casi 400 propiedades.

La explosión se produjo en la Química Raponi, donde se almacenaban en malas condiciones materiales inflamables. El por entonces intendente, Ramón Mestre, consideró que la falta de control de las actividades industriales en el ejido urbano afectaba su carrera política. Cuatro días después de la explosión en la Química Raponi clausuró la planta de uranio de Dioxitek.

Vaca Narvaja apareció con la historia ya comenzada. Dos años después de la clausura le permitió a la empresa reabrir las instalaciones mediante el Convenio Conciliatorio N.º 30598/2016, Dioxitek SA c/ Municipalidad de Córdoba s/ Acción meramente declarativa de derecho. Desde entonces, el destino de la seguridad y la salud de los cordobeses se disputa entre funcionarios judiciales y abogados de Dioxitek, la CNEA, la Municipalidad y la Provincia.

Ante el Juez, la empresa se comprometió a retirarse en 24 meses. El plazo se cumplió en diciembre de 2019 y Dioxitek siguió funcionando. Entonces Vaca Narvaja fijó un nuevo plazo, que la empresa también incumplió, y el ciclo se repitió hasta la actualidad. La actividad del magistrado se redujo a hacer lo mismo durante años.

Llegamos, por fin, a la pregunta que quiero analizar junto a los lectores. En el acta de la audiencia del 25 de septiembre de 2025, consta que el juez Vaca Narvaja “preguntó si se encuentra debidamente monitoreado el sector”, a lo que la empresa contestó que “se ha dado cumplimiento a los puntos del acuerdo que requerían una auditoría ambiental y el nuevo plan de gestión ambiental”.

Tanto la pregunta como la respuesta son demasiado poco, como muchos convendrán, para sacar una historia con unos pies y una cabeza. Sin embargo, en remotas fojas del expediente judicial está escrito que la empresa se había comprometido a presentar al juez “un Informe Ambiental cuyo objeto será informar las acciones que se llevan a cabo en la planta de Córdoba en dicha materia” (cláusula segunda de la última prórroga del acuerdo, firmada en diciembre de 2021). Cuando Vaca Narvaja hizo su pregunta la empresa llevaba un año y medio sin cumplir con esta obligación.

El juez debería haber preguntado los motivos del incumplimiento y disponer las medidas correspondientes, en cambio, se comportó como un espectador de los acontecimientos. Por si fuera poco, el plazo de la última prórroga había vencido el 31 de diciembre de 2024, la fecha, como las anteriores que figuran en el expediente judicial, poco importan; es harto evidente que tales precisiones son, en realidad, vaguedades.


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