Creencias e ideas erróneas sobre los desastres nucleares


Desde discursos políticos hasta comidas con amigos o familiares, escuchamos regularmente conceptos erróneos que minimizan el riesgo nuclear y el impacto de accidentes como Chernóbil o Fukushima. Aquí hay algunas respuestas a algunas creencias falsas.

Idea errónea 1: El accidente de Fukushima no causó muertes directas.

El accidente nuclear de Fukushima provocó una evacuación que, a su vez, causó 2300 muertes reconocidas por las autoridades japonesas, que indemnizaron a las familias. Se las puede considerar muertes directas del accidente nuclear; estas personas no murieron por irradiación, sino como consecuencia de la evacuación realizada para protegerlas de dichas irradiaciones.

Idea errónea 2: Entonces no era necesario evacuar a la gente, las normas de evacuación son demasiado estrictas.

Japón evacuó inicialmente a la población de forma sucesiva en un radio de 5, luego 10 y 20 km, como medida inmediata. Luego, en las semanas posteriores a la fase de emergencia, fijó una dosis anual límite para decidir qué territorios evacuar o no. Esto llevó a trasladar poblaciones hasta unos 40 km de la central. Muchas familias (especialmente con niños pequeños) que vivían en zonas contaminadas pero no lo suficiente como para ser evacuadas, se marcharon por su cuenta.

El límite para no evacuar un territorio se fijó en 20 milisieverts (mSv) por año por persona, y sigue vigente actualmente. Es el valor más alto de las recomendaciones internacionales en situaciones posteriores a un accidente y corresponde al límite admitido para la exposición a radiaciones de los trabajadores del sector nuclear, quienes son adultos sanos y bajo control médico. En el caso de Fukushima, todos los habitantes fueron considerados como trabajadores nucleares, incluidos niños, ancianos y personas vulnerables.

Además, los organismos internacionales consideran que no existe un umbral seguro de exposición a la radiación. De hecho, estudios epidemiológicos sobre trabajadores nucleares han demostrado efectos sanitarios (como cánceres) incluso cuando no estaban expuestos a más de 20 mSv/año.

Idea errónea 3: El accidente de Chernóbil convirtió la zona en un oasis de biodiversidad.

Como los humanos se fueron, la naturaleza recuperó su espacio. Sin embargo, estudios realizados, en particular por A. P. Møller y T. A. Mousseau, muestran por ejemplo que la materia orgánica se descompone más lentamente en los suelos donde la contaminación radiactiva es mayor. Estos mismos autores también evidenciaron impactos en las aves. Para proteger la biodiversidad, es preferible contar con zonas libres de actividad humana y sin contaminación radiactiva.

Los estudios sobre el impacto ambiental de la contaminación radiactiva no se basan en los mismos criterios que los de salud humana. Para los humanos, los criterios son mucho más exigentes, ya que se busca proteger a cada individuo, mientras que para plantas y animales se apunta a proteger la especie.

Idea errónea 4: El accidente de Fukushima no fue tan grave, por lo tanto el riesgo nuclear es mínimo.

El accidente de la central de Fukushima podría haber tenido consecuencias mucho más graves. Si la piscina del reactor n.º 4 (la más cargada de combustible usado), sin contención, hubiera colapsado, habría sido necesario evacuar hasta 250 km alrededor de la central, es decir, hasta Tokio y sus 10 millones de habitantes. La ubicación de la central también influyó, ya que aproximadamente el 80 % de las emisiones radiactivas se dirigieron hacia el océano Pacífico. Las mismas emisiones en otro lugar podrían haber obligado a evacuar a un número mucho mayor de personas.


Este artículo surge de una entrevista con David Boilley, asesor científico de la ACRO, realizada por Maëlle Maraval Liénard.


Fuentes:

Croyances et idées reçues sur les catastrophes nucléaires, 22 abril 2026, Réseau Sortir du nucléaire.

La obra de arte que ilustra esta entrada es “Kwietniowy marsz”, 2011, acrílico sobre lienzo 92 × 73 cm, de Katja Lindblom.

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