Atucha I emitió accidentalmente carbono radiactivo durante la extensión de vida
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| Central Nuclear Atucha I. Crédito: Nucleoeléctrica Argentina. |
Una descarga no planificada de material radiactivo al exterior en la Central Nuclear Atucha I expuso las deficiencias en la organización de la extensión de vida, en la evaluación previa de la tarea que ocasionó la descarga y en el especialista que la realizó
Por Cristian Basualdo
Como parte de las tareas de descontaminación vinculadas a la extensión de vida de la Central Nuclear Atucha I, la empresa francesa Framatome inyectó un producto químico a un intercambiador del moderador. La operación provocó una emisión gaseosa de carbono-14 por chimenea que superó ampliamente la restricción operativa diaria.
El carbono-14 es un isótopo radiactivo del carbono con una vida media de 5730 años. Dado que toda la materia viva está compuesta de átomos de carbono, parte del carbono-14 liberado al medio ambiente terminará acumulándose en las células de los organismos vivos, incluyendo su ADN. Esto implica una irradiación sostenida en el tiempo que incrementa el riesgo de cáncer, entre otros efectos. La liberación de carbono-14, por lo tanto, supone un aumento de riesgo para la fauna, la flora y los seres humanos.
El evento radiactivo del 26 de marzo de 2025
En el marco de la extensión de vida, estaba prevista la descontaminación de los intercambiadores de calor del moderador (identificados como QK01W01 y QK02W01). El procedimiento consiste en la extracción de material radiactivo alojado en la capa de óxido depositada en la superficie interna de las cañerías. Para ello, se utilizan bombas, filtros y tanques, conectados mediante mangueras o cañerías provisorias, que hacen circular soluciones químicas en un ciclo cerrado y en diferentes etapas. El nombre utilizado por Framatome para esta técnica es CORD (Chemical Oxidation Reduction Decontamination). En la práctica, una suerte de “geriatría nuclear” que se aplica a las centrales nucleares viejas muy radiactivas.
El 26 de marzo de 2025, a las 16:30 horas, Framatome inició la dosificación de 250 litros de solución de ácido permangánico al circuito de descontaminación del intercambiador QK01W001. A las 21:00 horas se añadieron 150 litros adicionales. La alarma del detector online de chimenea advirtió un incremento en la actividad de emisores beta, lo que produjo el “cierre” de chimenea.
Sin embargo, la descarga gaseosa al ambiente no se interrumpió: el sistema de descontaminación poseía un venteo conectado al circuito de ventilación en zonas controladas.
El carbono-14 se encontraba ocluido en carbonatos y óxidos de los tubos del intercambiador. Al reaccionar con el ácido permangánico, se liberó en forma de dióxido de carbono, un gas que los filtros de aire —diseñados para capturar partículas sólidas— no pueden retener.
La chimenea de Atucha I no dispone de medición directa para el carbono-14. Los técnicos de Nucleoeléctrica no esperaban la alarma del detector y, en un primer momento, no supieron distinguir cuáles de los emisores beta (carbono-14, gases nobles o tritio) la causaba. Aunque el pico de emisión radiactiva coincidió con la inyección del ácido, no detuvieron el proceso porque no tenían certeza de lo ocurrido.
Análisis posteriores de laboratorio determinaron que se emitieron 33,5 curios (Ci) de carbono-14 superando la restricción operativa diaria de 7 Ci. Al 31 de marzo, se habían emitido 39,6 Ci y, además, 15,2 Ci habían quedado almacenados en un tanque. El curio es una unidad de radiactividad muy grande, un Ci equivalente a 37 mil millones de desintegraciones atómicas por segundo.
El isótopo radiactivo del carbono
El 99% del carbono existente en la naturaleza es carbono-12, casi el 1 % es carbono-13, y una parte muy pequeña carbono-14, el cual es radiactivo y se genera continuamente en la atmósfera por la interacción de los rayos cósmicos con nitrógeno.
Todos los seres vivos incorporan carbono del medio natural. Una proporción infinitesimal de éste es el carbono-14. Al morir, el organismo deja de ingerir carbono. Entonces, la cantidad de carbono-14 comienza a disminuir. Este efecto se usa para fechar muestras de hasta unos 60 mil años de antigüedad.
La industria nuclear ha aumentado los niveles de carbono-14 en la atmósfera mediante los ensayos de armas nucleares y las centrales nucleares. Éstas últimas descargan rutinariamente isótopos radiactivos al ambiente. Por ejemplo, la Central Nuclear Embalse contamina la fauna ictícola de la cuenca del río Ctalamochita. El Movimiento Antinuclear de la República Argentina envió una muestra de pescado del lago Embalse al laboratorio de la CRIIRAD. La actividad de carbono-14 fue de 323 bequerelios de carbono-14 por kilogramo de carbono estable, un valor casi un 50% superior al nivel natural actual, que suele ser de unos 200 a 220.
El Organismo Internacional de Energía Atómica reconoce que “debido a su vida media relativamente larga, su elevado tiempo de permanencia en el medio ambiente, su alta tasa de intercambio isotópico y su fácil asimilación por la materia viva, es necesario controlar su producción en las instalaciones nucleares”.
La gestión de residuos que contienen carbono-14 tiene como objetivo proteger la salud humana y el ambiente, tanto por exposiciones directas como por bioacumulación en la cadena alimentaria. Esto incluye la protección de los organismos vivos y de los recursos naturales, como la tierra, los bosques, el agua y las materias primas.
Socialización de la radiactividad
La contaminación radiactiva en Atucha I se debe tanto a su antigüedad como a su tecnología. Los reactores de agua pesada producen más carbono-14 que los de agua liviana. Además, el uso histórico de stellite (un material con cobalto) en los internos del reactor genera altas exposiciones de radiación gamma.
Así las cosas, la descontaminación era necesaria para reducir la dosis de radiación del personal afectado a la extensión de vida. Estas tareas generan grandes volúmenes de efluentes radiactivos. La mayor parte queda retenida en filtros de resinas, el resto se libera: los efluentes líquidos al río Paraná y los gaseosos a la atmósfera. La estrategia consiste, siempre, en diluir, para que cada habitante del Paraná de las Palmas ingiera su propia dosis, mínima, de la descontaminación. “Extensión de vida” es, sin dudas, un término muy efectivo; no surtiría el mismo efecto si a las prácticas que permite las llamáramos “socialización de la radiactividad”.
Atucha I y II son modelos únicos en el mundo. Fueron diseñados en el siglo pasado por Kraftwerk Union (KWU), una antigua subsidiaria de Siemens AG. En 2001, la división nuclear de Siemens fue vendida a la francesa Framatome. Nucleoeléctrica seleccionó a esta empresa para la descontaminación del sistema primario-moderador porque posee la documentación de diseño de KWU y el conocimiento de los materiales específicos con los que se construyó la planta.
Aunque los especialistas de Framatome esperaban la presencia de carbono-14, no pudieron estimar la actividad total a remover. Un informe de Framatome (N.º D02-ARV-01-211-558) sostiene que el venteo del circuito de descontaminación mediante el sistema de ventilación de planta era responsabilidad de Nucleoeléctrica.
La investigación posterior de la empresa argentina clasificó el evento como de nivel 2 y tipo B.1, definido como: “Liberación de material radiactivo al medioambiente que supera los límites autorizados”. La causa de raíz: condiciones o requerimientos especiales no identificados. Para Nucleoeléctrica el experto contratado (Framatome) no consideró en su análisis de ingeniería la posibilidad de emisión de carbono-14 para este proyecto.
Al lector que se pregunta qué multa recibió Nucleoeléctrica por la descarga accidental de carbono-14, la respuesta es ninguna. La empresa operadora le comunicó el evento a la Autoridad Regulatoria Nuclear (ARN) dos días después de ocurrido. Posteriormente, le envió una nota estableciendo un plan de acción para avanzar en la descontaminación, recibió el visto bueno para continuar.
Este episodio deja una conclusión inquietante: la ARN no actúa como un regulador independiente. En la industria nuclear no es tan importante cuánta radiactividad se emite al exterior, sino quién se encarga de controlarla. Los límites son simbólicos: si Atucha I emite menos de la restricción operativa Nucleoeléctrica dirá que no contamina, y si emite más no pasa nada.
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