Tráfico de material radiactivo

Por Silvana Buján

Solemos hablar sobre amenazas nucleares cada vez que vemos el noticiero: que en medio oriente, que en los países árabes, que en Ucrania… El contrabando nuclear ¿es un riesgo real más allá de la ficción? Sí, porque no es solo un argumento de películas o novelas de espionaje. Es una amenaza tangible que preocupa a gobiernos, agencias de inteligencia y a la comunidad científica internacional. Es el comercio ilegal de material nuclear o radiactivo tal como uranio altamente enriquecido, plutonio o fuentes radiactivas industriales que pueden ser utilizados con fines criminales o terroristas.

Es cierto que los casos confirmados son relativamente pocos, pero su impacto potencial es tan alto que basta un solo incidente para provocar consecuencias catastróficas, ya que el peligro del contrabando nuclear radica en la combinación de materiales extremadamente sensibles, la dificultad de su detección (los perros no lo huelen por ejemplo) y usos potencialmente devastadores. Su mayor temor es que caigan en manos de organizaciones terroristas, porque si bien fabricar un arma nuclear es técnicamente complejo, la posibilidad de crear una bomba de dispersión radiológica (las famosas “bombas sucias”) es mucho más accesible y tendría un enorme impacto psicológico, económico y social.

La manipulación y el transporte clandestino de material radiactivo conllevan riesgos graves de exposición. Un accidente, incluso sin intención criminal, podría contaminar zonas urbanas, agua o suelos durante décadas. Además, erosiona los regímenes internacionales de no proliferación. Si los controles fallan, se debilita la confianza entre Estados y se incrementa la carrera armamentística, especialmente en regiones ya inestables.

Gran parte de los incidentes registrados históricamente están vinculados a instalaciones mal protegidas, especialmente tras conflictos armados o crisis económicas, zonas abandonadas o con poca vigilancia adonde unos dólares pueden hacer que el portón se abra sin demasiados problemas. Las fuentes radiactivas huérfanas, utilizadas en medicina o industria y abandonadas sin control, como el caso del cilindro de cesio abandonado en las ruinas de un hospital de Goiania, Brasil, que le costó la vida a un montón de gente. También la corrupción y las redes criminales que aprovechan vacíos legales y fronteras porosas. Luego de la época de la Guerra Fría, la comunidad internacional detectó un aumento de intentos de tráfico relacionados con antiguos arsenales y centros de investigación insuficientemente vigilados, algo que sigue vigente hoy.

La lucha contra el tráfico nuclear ilegal es multidimensional y requiere cooperación global. Vigilancia y detección, cooperación internacional, marcos legales sólidos, estrictos y armonizados que castiguen el tráfico y la posesión ilegal de material nuclear. El Organismo Internacional de Energía Atómica tendría un papel clave coordinando esfuerzos y estableciendo estándares de seguridad, pero en fin, que la humanidad sigue jugando con juego en todo lo que tiene que ver con el desarrollo de la energía nuclear como madrina del desarrollo de armas nucleares. Y así estamos.

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