Crónica de una descarga de cesio-137 de la Central Nuclear Atucha I
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| Central Nuclear Atucha I. Crédito: Nucleoeléctrica Argentina. |
Una investigación interna reveló que una descarga de cesio-137 por encima de los límites permitidos en mayo de 2022 fue el resultado de una fórmula de cálculo obsoleta, un filtro de purificación inoperante y una gestión administrativa deficiente en el Sitio Atucha.
Por Cristian Basualdo
En mayo de 2022, la descarga de las aguas residuales de la Pileta de Maniobras 3 en la Central Nuclear Atucha I provocó una emisión radiactiva que superó las restricciones trimestrales vigentes. El radionucleido más significativo liberado al ambiente fue el cesio-137.
Para dimensionar el evento, debe considerarse que el combustible nuclear gastado de Atucha I se almacena bajo agua en dos depósitos (Casas de Piletas I y II), cada uno con su propia pileta de maniobras. Asimismo, el combustible nuclear gastado de mayor tiempo de decaimiento se traslada a un Almacenamiento en Seco de Elementos Combustibles Quemados (ASECQ).
La secuencia de errores comenzó en octubre de 2018, cuando Nucleoeléctrica dispuso modificar el programa informático de seguimiento de las emisiones líquidas. El cambio clave consistía en reemplazar el coeficiente de cálculo Ki, por uno nuevo denominado Roi. Sin embargo, la actualización fue superficial: se modificaron las leyendas en pantalla, pero no la fórmula matemática interna. Esta vulnerabilidad se vio agravada por la falta de personal clave, debido a la licencia médica prolongada del jefe de la División Radioquímica.
A este escenario se sumó una falla de infraestructura en abril de 2021: dejó de funcionar el filtro de resinas TR93N001 del sistema de purificación de agua de Casa de Piletas II. La imposibilidad de extraer las resinas apelmazadas —por la falta de diseño y fabricación de un dispositivo para ese fin— impidió retener radionucleidos solubles como el cesio-137.
El desenlace ocurrió en mayo de 2022, cuando se dispuso el vaciado de la Pileta de Maniobras 3, durante las pruebas de puesta en marcha del ASECQ. La actividad del cesio-137 había alcanzado un valor de 1,71 × 1010 bequerelios (Bq), unas cien veces superior a las emisiones rutinarias (del orden de 108 Bq). Bajo el criterio de la constante obsoleta (Ki), los valores de actividad parecían aceptables.
Nucleoeléctrica detectó el problema en junio de 2022, al advertir inconsistencias en los informes de radioprotección. La investigación posterior (Evento N.º 455/22 - Nivel 2: “Discrepancia en valores reportados”) identificó como factores contribuyentes la “falta de visión global” de los usuarios del sistema y la “falta de procedimiento de gestión de software”, entre otros. Entre las lecciones aprendidas advirtió que se debe reconocer el impacto negativo que pueden tener “las gestiones administrativas deficientes” en relación con actualizaciones de software sobre la operación de las centrales nucleares Atucha I y II.



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