Alta Córdoba bajo alerta: revelan incidentes en Dioxitek ocurridos en 2023 y 2024
La publicación de una investigación de La Voz del Interior volvió a poner en el centro del debate público el funcionamiento de la planta de Dioxitek en el barrio Alta Córdoba. Según explicó el periodista ambiental Cristian Basualdo en diálogo con Panorama, dos incidentes ocurridos en mayo de 2023 y junio de 2024 exponen deficiencias operativas en una instalación que procesa compuestos de uranio en plena ciudad de Córdoba.
Basualdo fue categórico: “Lo que reveló la investigación son deficiencias en la planta, vinculadas a dos incidentes concretos donde hubo derrames de material procesado y fallas en sistemas internos”.
Para comprender la gravedad de los hechos recientes, el periodista reconstruyó el origen del predio. En 1952, la Comisión Nacional de Energía Atómica instaló allí el denominado Complejo Fabril Córdoba, en terrenos arrendados a Fabricaciones Militares. Durante décadas se realizaron ensayos para extraer uranio de minerales provenientes de distintos puntos del país.
Los residuos acumulados —unas 57.000 toneladas de material radiactivo de baja actividad mezclado con metales pesados— conformaron lo que hoy se conoce como el “Chichón” de Alta Córdoba. Esos relaves permanecieron expuestos a la erosión durante años hasta que fueron cubiertos en la década del 70.
A comienzos de este siglo, la Comisión Nacional de Energía Atómica impulsó, con financiamiento del Banco Mundial, un plan de remediación ambiental que incluía trasladar esos residuos a Los Gigantes. El proyecto quedó finalmente cancelado por falta de licencia social y dificultades logísticas. Hoy, esas 57.000 toneladas continúan en el lugar.
Los eventos de 2023 y 2024
El primer incidente ocurrió el 15 de mayo de 2023. Durante una maniobra de izaje en un horno de lecho fluido se produjo el derrame de uranil carbonato de amonio, un compuesto intermedio en el proceso de conversión del uranio. Fotografías internas muestran el piso cubierto por un polvo amarillo característico de los compuestos uraníferos.
El segundo evento se registró el 20 de junio de 2024, cuando la rotura de una tubería provocó una nueva descarga del mismo material dentro de la planta.
“El uranio tiene toxicidad química. Es peligrosa la ingesta o la aspiración de ese polvo, especialmente para trabajadores sin protección respiratoria adecuada”, explicó Basualdo.
Ambos hechos se conocieron públicamente recién ahora, a partir de la investigación periodística. Desde la conducción de la empresa, encabezada por Federico Ramos Napoli, se relativizó la situación calificando los episodios como “desvíos anticipados y esperables durante la operación”.
Sin embargo, Basualdo señaló contradicciones: en una entrevista publicada por Infobae en enero de 2026, el propio funcionario reconoció que al asumir encontró la planta en “mal estado edilicio” y con deficiencias en depósitos y tratamiento de residuos.
Producción récord y debate sobre privatización
La planta de Dioxitec produce dióxido de uranio destinado a las centrales nucleares argentinas. Según detalló el periodista, en el último período se alcanzó una producción de 190 toneladas anuales, cuando el diseño original contemplaba 150.
Basualdo cuestionó que el aumento de producción se haya logrado en instalaciones con más de 40 años de antigüedad y en un contexto de incidentes recientes. También advirtió sobre una estrategia orientada a mejorar los números de la empresa para avanzar hacia una eventual privatización.
“El aumento del precio del dióxido de uranio se traslada al costo de la energía nuclear. En definitiva, somos los argentinos quienes financiamos esos mejores resultados”, afirmó.
Descargas y controles
Otro punto crítico es la gestión de efluentes. Dioxitek tiene autorización para descargar hasta 18 kilogramos mensuales de uranio al sistema cloacal, además de emitir gases por chimenea que incluyen óxidos de nitrógeno, ácido nítrico, amoníaco y material particulado.
Aunque las mediciones oficiales indican cumplimiento de los límites permitidos, Basualdo recordó antecedentes preocupantes, como la clausura de la planta en 2014 tras la explosión de la química Raponi en Alta Córdoba, que dejó un muerto y 70 heridos a pocos metros de Dioxitek.
“Muchas veces hay falencias en los controles. Se simula que se controla, pero los informes ambientales no siempre se presentan en tiempo y forma”, advirtió.
Un debate que excede a Córdoba
En el plano internacional, el precio del uranio ronda los 80 dólares por libra en el mercado spot, y la demanda crece en un contexto de tensiones geopolíticas y reactivación de programas nucleares. Argentina, que importa diuranato de amonio —la llamada “torta amarilla”— para su conversión en Córdoba, no posee grandes yacimientos económicamente viables.
Para Basualdo, el discurso del “autoabastecimiento” nuclear argentino nunca se consolidó plenamente y hoy el país depende de importaciones.
La revelación tardía de los incidentes de 2023 y 2024 reavivó el reclamo por mayor transparencia. “No es justo que la población se entere dos años después de eventos de esta magnitud”, señaló el conductor del programa.
La preocupación en Alta Córdoba vuelve a instalar una pregunta de fondo: ¿puede convivir una planta que procesa compuestos de uranio con barrios densamente poblados sin generar riesgos?
Mientras tanto, los vecinos esperan respuestas claras de las autoridades y un control efectivo que garantice que episodios como los ocurridos en 2023 y 2024 no vuelvan a repetirse —ni queden ocultos durante años.
Fuente:
Alta Córdoba bajo alerta: revelan incidentes en Dioxitek ocurridos en 2023 y 2024, 23 febrero 2026, FM 103,7 Panamericana.


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