40 años de la CRIIRAD • 10 fechas clave | 1987: reconstrucción de la intensidad real de la lluvia radiactiva de Chernóbil sobre Francia


Por Corinne Castanier

Al día siguiente del accidente de Chernóbil, el servicio encargado de la vigilancia radiológica del territorio francés fue categórico: el aumento de la radiactividad era insignificante. “Habría que imaginar aumentos de 10.000 a 100.000 veces superiores para que empezaran a plantearse problemas significativos de salud pública”.

Para juzgar la importancia de la contaminación, evaluar los riesgos de la irradiación externa y los riesgos de ingestión de alimentos contaminados, es necesario saber cuantificar la deposición de radiactividad en el suelo. Según el primer balance oficial, publicado el 8 de mayo de 1986 (confirmado a mediados de mayo, y después a finales de mayo), la lluvia radiactiva no tenía nada de preocupante: 218 Bq/m² de yodo-131, 8,5 Bq/m² de cesio-137 y 4,4 Bq/m² de cesio-134.

Si estas cifras hubieran sido exactas, las autoridades francesas podrían haber considerado legítimamente que no era necesario ninguna medida de protección. ¡Y la CRIIRAD nunca habría sido creada!

1987 - 1993: buscar la verdad

La CRIIRAD (Comisión Independiente de Investigación e Información sobre Radiactividad) había demostrado desde su creación que la contaminación de ciertos alimentos superaba los límites fijados a nivel europeo. Estos resultados contradecían la evaluación oficial de la lluvia radiactiva. Determinar la intensidad real de las deposiciones radiactivas en los suelos fue, por lo tanto, una de las primeras misiones de su laboratorio.

Dado que las investigaciones tuvieron lugar más de un año después de las deposiciones, se puso a punto un protocolo adaptado: selección de los emplazamientos para evitar los fenómenos de pérdida o acumulación de las deposiciones con el paso del tiempo; técnica de muestreo basada en tres sondeos (testigos) por sitio, con extracciones a 40 cm de profundidad, por estratos de 5 cm; análisis por separado de cada estrato para restituir el perfil vertical de la contaminación; utilización del cesio-134, aún muy presente en los suelos, para determinar la parte de cesio-137 imputable a Chernóbil (generalmente concentrada en los 10 primeros centímetros del suelo) y aquella que provenía de los ensayos nucleares atmosféricos (que se remontan a los años 50 y 60, y que había migrado a mayor profundidad, particularmente en suelos arenosos).

Este trabajo mostró la importancia de la lluvia: al lavar todo el espesor de las nubes radiactivas, precipitó al suelo las partículas radiactivas y multiplicó los depósitos por 10, 20 o 30 en comparación con las zonas sin precipitaciones. Sobre todo, probó que en la mitad este de Francia, la actividad del cesio-137 era de 100 veces a más de 4.000 veces superior a la anunciada en mayo de 1986. Esta subestimación gravísima de los depósitos afectaba a todos los radionucleidos, incluido el yodo-131. Mentira o incompetencia, las cifras oficiales eran totalmente falsas. En numerosas regiones, el nivel de la lluvia radiactiva exigía medidas de protección para los grupos críticos y, en primer lugar, para los niños


Foto en la parte superior de la página: Michèle Rivasi, entonces presidenta de CRIIRAD, tomando una muestra de suelo en 1988. © CRIIRAD


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Fuente:

Corinne Castanier, CRIIRAD 40 ANS • 10 dates clés | 1987 : reconstitution de l’intensité réelle des retombées de Tchernobyl sur la France

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