El eterno retorno de Atucha II
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| Central Nuclear Atucha II. Crédito: Nucleoeléctrica Argentina. |
Cada anuncio de regreso es presentado como un hito, pero la Central Nuclear Atucha II parece condenada a una secuencia recurrente de fallas, reparaciones y relanzamientos. Una historia de ciclos que se repiten bajo distintos gobiernos y discursos.
Por Cristian Basualdo
El 14 de enero, Nucleoeléctrica anunció en la red X que llevó a Atucha II nuevamente a su máxima potencia después de siete años de trabajo. Además de los posteos en redes sociales, el plan de comunicación de la empresa contempla entrevistas pactadas en medios nacionales. Así se genera tal cantidad de publicaciones que resulta difícil comprender lo que en realidad está sucediendo. Repasemos algunos titulares: “Hito energético. La central nuclear Atucha II vuelve a operar a su máxima capacidad luego de 7 años” (15/01/26, La Voz del Interior); “Atucha II alcanzó el máximo de su potencia y hasta superó el 100%” (16/01/26, Perfil); “Después de 7 años, Atucha II vuelve a generar energía al 100% de su potencia” (16/01/26, Río Negro).
¿Por qué es noticia que una generadora de electricidad funcione como es debido? Se sabe que las centrales nucleares presentan la mayor cantidad de fallas en sus equipos al comienzo y al final de su vida útil. Durante los años que transcurren entre estos dos extremos deberían operar a la potencia de diseño con un funcionamiento fiable. Esto no sucede con Atucha II, donde las cosas se tuercen tan a menudo que la novedad es que vayan bien.
Propongo al lector analizar la situación planteada desde una perspectiva distinta a la de Nucleoeléctrica. Atucha II salió de servicio manualmente el 14 de noviembre de 2018 a las 17:38 horas, por un aumento en la temperatura de salida de los canales refrigerantes debido a la reducción del caudal de agua pesada del sistema primario. Las inspecciones posteriores detectaron la presencia de virutas metálicas (debris, en inglés) en los elementos combustibles dentro del reactor como consecuencia de la rotura de la camisa del eje de una de las bombas del circuito primario, lo que ocasionó el desgaste prematuro del cojinete inferior de la bomba.
Para enfrentar el problema, Nucleoeléctrica colocó filtros en las posiciones de los elementos combustibles para extraer las virutas metálicas, también desarrolló programas de cálculo para predecir el comportamiento del reactor con presencia de impurezas en el refrigerante primario, y un modelo hidráulico (mock-up, en inglés) para convalidar los ensayos, entre otras medidas.
Así las cosas, Atucha II fue elevando la potencia progresivamente hasta que, el 14 de enero de 2026 a las 19:20 horas, volvió a operar a su potencia de diseño.
Los siete años que transcurrieron entre la rotura de la bomba y el retorno a plena potencia no fueron años tranquilos. Casi a la mitad de este período se produjo el peor incidente en el reactor Atucha II, del cual nos ocuparemos a continuación.
El 1 de agosto de 2022, se detectó un problema durante la operación de recambio de elemento combustible en el Canal AD13, razón por la cual se dejó ese canal sin el elemento. Tras la salida de servicio, las inspecciones detectaron la presencia de una pieza que se había desprendido y desplazado en el fondo del reactor, denominada separador. El diseño original de Atucha II contemplaba cuatro separadores, su función es permitir una separación entre el fondo del tanque del moderador y los cuerpos de relleno inferiores del recipiente de presión.
Nucleoeléctrica decidió extraer el separador desprendido y, sin reponerlo, poner en marcha la central. Para ello construyó herramientas operadas a distancia y un mock-up que tenía una placa con la frase: “No hay imposibles cuando se trabaja con pasión, dedicación y en equipo”. La empresa también produjo un documental. A esto se sumó la típica catarata de notas de prensa, como, por ejemplo: “Ya reparada, Atucha II está funcionando a pleno” (29/08/23, El Destape).
Lejos de las marquesinas, los documentos de Nucleoeléctrica dan testimonio de una realidad preocupante. La camisa del eje de la bomba se rompió por un defecto de diseño conocido por el fabricante, que había recomendado su reemplazo al término de la etapa de prueba de presión de la instalación. Un documento de Nucleoeléctrica al que accedió EconoJournal indica que: “este reemplazo no se realizó, ni se transfirió dicho requerimiento al operador para hacerlo durante la primera parada programada”. En el caso del separador, Nucleoeléctrica generó el documento denominado Evento Interno N.º 767/22 donde dejó asentado que la causa del desperfecto fue la falta de una soldadura durante el montaje del reactor.
Se puede pintar un reloj en una pared y festejar porque da la hora correcta dos veces al día. Sin embargo, en una central nuclear un acierto puntual no compensa una trayectoria sostenida de desperfectos. Tal vez sea hora de dar vuelta el juego: en lugar de que los funcionarios del átomo nos cuenten historias de épicas reparaciones de Atucha II, nosotros debemos tratar de comprender por qué analizan la tecnología nuclear como lo hacen.



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